Ayer recibimos el aniversario número 2008 del Mesías en un clima poco claro.
Me retractó, el espíritu ya no es navideño. El espíritu era el de un día común entre semana que adornado por grandes explosiones y delicada gastronomia nos alienaba con visión de polilla. A la media noche llovieron chispas incandescentes y levantamos copas en triunfales gesto de celebración, pero ¿Qué festejabamos?.
A los pocos minutos de haber cambiado de día ya estábamos desgastados de ese acontecimiento y sentíamos la necesidad de volver a la normalidad. El ruido había cesado, la comida nos había asqueado y entendíamos el punto entre sobrio y borrachera y ya era hora para ir a dormir; las horas siguientes esperaba un poco más de: Beber, comer, calor, comer, beber, calor, comer, beber.
Ahora hago la digestión en mi cuarto, tirado en la cama. In Rainbows y nevada light me acompañan, ups, parece que volvió el sueño.
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